Talleres de transmisión cultural Curarrehue

Cuando los oficios vuelven a encontrarse con el territorio “Cierre de un ciclo de transmisión cultural en Curarrehue”

 Hay conocimientos que no caben en un cuaderno y no pueden resumirse en una receta, ni encerrarse entre las páginas de un manual, son saberes que viven en las manos, en la observación paciente, en la repetición de un gesto aprendido hace generaciones. Conocimientos que viajan de persona en persona, de conversación en conversación, de taller en taller, como una hebra que se extiende en el tiempo para evitar que la memoria se rompa.

En Curarrehue, al pie de montañas antiguas y entre los cauces que recorren el territorio desde mucho antes de que existieran los caminos, acaba de concluir uno de esos procesos que dejan una huella silenciosa pero profunda, el cierre de un ciclo de “Talleres de Transmisión Cultural” que reunió a hombres y mujeres de distintos sectores de la comuna para encontrarse alrededor de los oficios artesanales, compartiendo experiencias y aprendiendo de quienes han dedicado gran parte de su vida a escuchar el lenguaje de los materiales.

Y no es casualidad que este cierre ocurra en el tiempo del We Tripantu, porque mientras la naturaleza inicia un nuevo ciclo y la tierra se prepara para renacer, también las comunidades encuentran un momento para mirar hacia atrás, agradecer lo recibido y proyectar aquello que desean conservar para el futuro, es un tiempo de renovación, pero también de memoria. Un tiempo que nos recuerda que avanzar no significa olvidar, sino caminar llevando con nosotros aquello que da sentido a nuestra existencia colectiva.

Durante los meses de abril y mayo, cerca de cincuenta participantes llegaron hasta los espacios de formación impulsados gracias al trabajo colaborativo entre Fundación Chol Chol, Espacio Artístico Ko Panqui y la Municipalidad de Curarrehue, a través de su programas de Cultura, Mujeres Jefas de Hogar, impulsados por una iniciativa financiada gracias al Programa de Apoyo a Organizaciones Culturales Colaboradoras del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio, que dió vida mucho más que un programa de talleres, sino la posibilidad de detener el ritmo cotidiano para dedicar tiempo al aprendizaje, una oportunidad de volver a mirar con atención los recursos que habitan el territorio, de reconocer que la artesanía no es únicamente producción material, es una forma de conocimiento que articula historia, identidad, creatividad y pertenencia.

 

Cada oficio tuvo su propio pulso.

La madera habló desde su firmeza y nobleza, los participantes aprendieron a observar las vetas, a comprender la dirección de las fibras, a respetar la estructura interna de un material que alguna vez fue árbol y que sigue conservando la memoria del bosque. Cada corte exigió precisión, cada herramienta demandó atención, cada pieza terminada reveló que la utilidad también puede ser una expresión de belleza.

El cuero enseñó otra lección; mostró que no todo puede apresurarse, que existen procesos que requieren espera, que antes del corte y del trenzado existe una preparación cuidadosa, un diálogo paciente con la materia. Trabajar el cuero significó comprender tiempos naturales, reconocer texturas y descubrir posibilidades que muchas veces permanecen invisibles para quienes observan solo el resultado final.

Las fibras vegetales convocaron una sensibilidad distinta, donde las manos se dedicaron a entramar, una y otra vez, siguiendo movimientos que parecían simples, pero que exigían concentración y constancia. Allí apareció también una reflexión profunda sobre la disponibilidad de los recursos y la necesidad de valorar aquello que hoy se vuelve escaso. Cada hebra incorporada al tejido recordó que la artesanía es también una conversación permanente con el entorno.

La arcilla, por su parte, ofreció quizás una de las experiencias más antiguas de la humanidad, tomar tierra y transformarla, elentir cómo el barro responde a la presión de los dedos, descubriendo que una forma surge lentamente desde una masa informe. Aprendiendo que modelar requiere paciencia y que cada error puede convertirse en una nueva posibilidad de comenzar.

Pero quizás lo más valioso no estuvo solamente en los materiales, estuvo en las personas, en quienes llegaron con curiosidad y regresaron semana tras semana para continuar aprendiendo, vvencieron la inseguridad inicial y descubrieron capacidades que desconocían. En quienes compartieron historias familiares, recuerdos y experiencias mientras trabajaban alrededor de una mesa.

Y especialmente, en los maestros y maestras que hicieron posible este proceso Lorenzo Cuevas, Oscar Huaiquimil, Carlo Bello, Lidia Huechan y Alejandra Riquelme, quienes no solamente enseñaron técnicas, compartieron años de experiencia acumulada, entregando consejos que nacen de la práctica cotidiana.  Revelaron pequeños secretos que rara vez aparecen en los libros, mostraron que el verdadero conocimiento no se transmite desde la distancia, sino desde la cercanía, desde la generosidad y el deseo sincero de que otros puedan continuar el camino, cada uno de ellos representa una forma de resistencia silenciosa.

Porque en un mundo que avanza cada vez más rápido, donde la producción en serie parece imponerse sobre el trabajo manual, seguir dedicando la vida a un oficio artesanal es una declaración profunda, de principios.  Confiando en la importancia de los conocimientos heredados, creyendo que la identidad cultural sigue siendo un elemento fundamental para el desarrollo de las comunidades.

Desde Fundación Chol Chol comprendemos que el desarrollo local no puede construirse únicamente desde la infraestructura o la economía. También necesita espacios para la creación, la memoria y el fortalecimiento de los vínculos comunitarios, por eso hemos insistido durante años en generar oportunidades de aprendizaje en los territorios, creyendo que la cultura no debe concentrarse exclusivamente en las grandes ciudades ni en los centros urbanos más visibles. La cultura vive donde las personas habitan, vive en las comunidades rurales, vive en los saberes cotidianos, vive en las prácticas que permiten a las familias reconocer su historia y proyectar su futuro.

Este camino comenzó hace tiempo con encuentros breves y actividades demostrativas, más tarde se transformó en jornadas de formación más extensas y hoy encuentra una nueva expresión, en este ciclo de talleres que logró consolidar una propuesta basada en la transmisión efectiva de conocimientos y en la creación de redes entre personas que comparten el deseo de aprender.

El objetivo nunca fue copiar objetos, siempre fue mucho más profundo, aprender una técnica, comprender un proceso, desarrollar habilidades que permitan crear desde la propia experiencia y abrir posibilidades para que cada participante encuentre su propia voz dentro del oficio. Ese es el verdadero patrimonio, la capacidad de seguir creando y la confianza para continuar experimentando. La certeza de que los conocimientos adquiridos podrán transmitirse nuevamente a hijos, nietos, vecinos y futuras generaciones.

Esta ceremonia de cierre permitió celebrar los logros alcanzado, entregando certificaciones, exposiciones y palabras de reconocimiento, marcadas por la presencia de autoridades locales, representantes de instituciones culturales, artesanos, artesanas y participantes.

Como Fundación Chol Chol agradecemos a quienes hicieron posible la realización de esta iniciativa, el Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio a través de su Programa de Apoyo a Organizaciones Culturales Colaboradoras, por su difusión y apoyo constante; las profesionales del Programa Mujeres Jefas de Hogar, cuyo trabajo constante permitió coordinar y acompañar cada etapa del proceso; la Municipalidad de Curarrehue, que reconoció desde el inicio la importancia de fortalecer estas redes; y Espacio Artístico Ko Panqui, que abrió sus puertas y puso a disposición un espacio propicio para el aprendizaje y la creación colectiva, y a cada uno de los maestros y maestras artesanos, porque mientras existan personas dispuestas a enseñar y otras dispuestas a aprender, la memoria cultural no desaparecerá.

https://youtu.be/bK9_VXZqD9k